Estados Unidos tras un año de mandato de Donald Trump sufre un clima de violencia y polarización política que no habíamos visto en mucho tiempo, la retransmisión en vivo de asesinatos, detenciones, agresiones y un nivel de coerción máxima de los paramilitares de Trump en forma de policía migratoria (ICE, 22.000 agentes y un presupuesto anual de 37.500 millones de dólares que se pretende ampliar) generan un clima irrespirable que ni siquiera en las horas en las que las turbas trumpistas asaltaban el Capitolio (6 de enero de 2021) se podían esperar (el presidente alardea de haber perdonado a más de 1.500 personas procesadas por el asalto, cientos de ellas forman parte de milicias armadas de extrema Derecha).
Poco
antes de las elecciones presidenciales de 2024 la encuesta realizada por YouGov
para el New York Times y SAY24 resultaba que uno de cada cuatro estadounidenses
consideraban probable que se produjera una guerra civil después de estas. El 6
% de los encuestados opinaban que una segunda guerra civil era “muy probable”,
mientras que un 21 % la consideraba “algo probable”. Se correspondía con la
percepción del 68% de “EEUU fuera de control”.
Hoy
las sensaciones son mucho peores y la velocidad a la que se extienden es asombrosa,
el propio Donald Trump hace todo lo posible por agravarlas con declaraciones
como “se acerca el día de la retribución y el ajuste de cuentas” en su cuenta
de Truth Social y amenaza con invocar la ley de Insurrección de 1807, que le
faculta para desplegar a las fuerzas armadas en las ciudades pidiendo a los
militares que lo tomen como “un entrenamiento”. Como prueba de la banalización del
concepto guerracivilista y la migración que el universo MAGA realiza, uno de los asesores principales de Trump,
Steve Bannon, aseguraba recientemente “Inglaterra se dirige hacia una guerra
civil (…) tienen un problema con el islam radical que no han afrontado, y está
metastatizando y empeorando” Al hilo de ello el propio presidente denunciaba la
represión que sufrían en el Reino Unido quienes lo advertían.
Pero
si hay que contextualizar históricamente este momento en comparación con otro
no deberíamos ir a la Guerra Civil norteamericana (1861-1865) donde dos
visiones antagónicas del mundo de su tiempo chocaban cuando se mezclaban otros conflictos
económicos, sociales, territoriales… y que costó más de 600.000 vidas.
Y
sin embargo la polarización y la violencia política es una constante en la historia
de EEUU, pero hoy al igual que en 1968, el universo Republicano y Demócrata (con
sus respectivos aledaños ideológicos, como dos visiones antagónicas del país
cuando la polarización es extrema), colisionan. Entonces, y en un contexto de
guerra exterior como Vietnam, eran asesinados Robert F. Kennedy (candidato Demócrata
y hermano de J. F. Kennedy asesinado en 1963) o Martin Luther King, el clima de
violencia política era irrespirable en conflictos ideológicos como el aborto (se
reclamaba una ley federal, hoy se intenta restringir), el racismo (la Ley de
Igualdad de 1964 no se respetaba y generaba ataques constantes), y aunque había
diferencias en la posición lugar en el mundo de EEUU, entonces suponía el 37%
del PIB mundial (hoy es el 25%), las guerras se daban en el contexto de su
lucha con la URSS (también ahora hay un ambiente bélico y oposición a él pero son
de otra naturaleza aunque China es la potencia "rival"), y ante eso entonces llegaba Richard Nixon a poner orden…en suma, y
al igual que en estos años, ambas visiones del país consideran que la una
intentará acabar con la otra.
Pero
atención, porque, y creo que es la clave, entonces y hoy el sistema el sistema Judicial
de EEUU sigue vigente por mucho que Trump lo intente dañar, libertades como la
de Opinión, Prensa, Circulación, portar armas… y otras vinculadas a la propia
existencia del país están funcionando, los poderes Municipales, Federales… se
mantienen en la pugna política, y, muy importante, las elecciones Legislativas
de medio mandato y otras tantas siguen en pie.
Es
necesario comprender que los Estados Unidos de América llevan desde su creación
la dificultad de hacer viable la compatibilidad de su tamaño y diversidad con
multitud de problemas asociados incluidos la desigualdad, la diferencia étnica
y racial, la densidad de población, el desarrollo… y sólo dos partidos que
engloban formas múltiples de conflictos y posiciones representados en un sistema
Legislativo dividido, muchas veces confrontado entre sí y con el Ejecutivo comandado
por un Presidente que le toca ejercer de líder máximo de todo. Esto necesariamente
genera antagonismos en muchas ocasiones.
EEUU
surgió de una guerra colonial y se constituyo tras una serie de brutales
conflictos civiles que fueron perfilando una Nación y sus instituciones, pero
ciertamente la polarización, el enfrentamiento, los antagonismos… son parte de
su identidad y su estructura legal e institucional se diseño bajo la lógica de
la guerra y su líder como jefe supremo en ella. Y esto le lleva a mantenerse
unido ante la amenaza Exterior, pero enfrentado ante la Interior, por lo que a
falta de la segunda a lo largo de toda su historia se ha disparado la Interior,
el enfrentamiento civil mitigado por un extraordinario entramado legal e institucional
que por supuesto no es infalible.
¿Escenarios
de Guerra Civil? Puede haberlos, aunque como en el título de este artículo: no
es imposible, es muy improbable.
El mayor de ellos: Donald Trump consigue un choque de instituciones como pretende
para poder legislar bajo una legislación insurreccional suspendiendo a los
poderes que se le oponen en su deriva autoritaria, o bien por la vía de la
confrontación de cuerpos de seguridad del Estado (por ejemplo si municipios o
Estados federados deciden intervenir en la defensa de la población de los Estados
gobernados por Demócratas -estos días lo vemos en Minnesota-), o si provocara
la ruptura de alguno de ellos con el Estado, sería un ejemplo poco factible y
remoto pero posible, el caso de California.
Sin
embargo, un escenario que sí se puede dar con posibilidades reales es el de una
suma de conflictos violentos en los que se vean envueltos distintos colectivos,
incluso oficiales, de forma transversal en diferentes asuntos y territorios
generando un colapso de los EEUU a distintos niveles. Y el más grave podría
ser, y Donald Trump lo persigue, la suspensión del proceso electoral de medio
mandato en noviembre de 2026.
Para
terminar, y no como reseña de toda la obra por no ser objeto de esta entrada
pero sí citarla en lo que a la posibilidad guerracivilista en el país quisiera
citar un libro – El Polemista es fundamentalmente un blog en torno a ellos- que
incluye un amplio tratamiento del tema: “Como empieza una guerra civil y cómo
evitar que ocurra” de Barbara F. Walter (Ed. Península, 2025).
Barbara
F. Walter es Asesora del Banco Mundial, la ONU, lo ha sido de los Departamentos
de Defensa y Estado de EE. UU y escribe para
medios como The Washington Post, The Wall Street Journal…
La
premisa en el caso norteamericano (la obra lo incluye pero analiza el fenómeno
de la Guerra Civil en todos los casos): Cumplir las dos condiciones
consideradas de riesgo para una guerra civil: estar en una situación de
«anocracia», degradación del sistema entre democracia y autocracia, y la
división de la población en facciones por motivos étnicos o en facciones. EEUU
lo sería según Walter por primera vez en más de 200 años.
“¿En qué punto se encuentra Estados Unidos en la actualidad? El país es una
anocracia dividida en facciones que se aproxima rápidamente a la fase de
insurgencia manifiesta, lo cual significa que está más cerca de la guerra civil
de lo que ninguno de sus ciudadanos creería. El asalto al Capitolio ha impedido
al Gobierno restar importancia a la amenaza que las organizaciones de
ultraderecha suponen para Estados Unidos y su democracia. (…) De hecho, el
asalto al Capitolio podría ser perfectamente el primero de una serie de
atentados organizados en una fase de insurgencia manifiesta: se dirigió contra
infraestructuras, había planes de asesinar a ciertos políticos e intentos de
coordinar las acciones, y, además, implicó a un gran número de milicianos,
algunos de ellos con experiencia en combate.”
En
Como se empieza una guerra civil… no se plantea esta en los mismos términos
que la Guerra de Secesión, “Si Estados Unidos vive una segunda guerra civil,
los combatientes no se enfrentarán en campos de batalla ni vestirán uniforme.
Es posible que ni siquiera tengan comandantes. Saldrán de entre las sombras y
volverán a ocultarse entre ellas, y se comunicarán a través de foros de
mensajería y redes encriptadas.”
La
autora dota de protagonismo en este contexto a los grupos armados de extrema
Derecha, (luego añadirá a extremistas de extrema Izquierda que al final
estarían en la misma necesidad de desequilibrar el sistema) quizá en el momento
de escribir estas líneas no se podía imaginar la deriva brutal que iba a adoptar
el propio gobierno de Donald Trump ocupando ese espacio de violencia: “En su
ambición por reconfigurar el orden social del país, los terroristas intentarían
volver a los ciudadanos en contra del Gobierno federal, convencer a los
moderados de aceptar el nuevo statu quo. intimidar a las minorías para que no
alzaran la voz y disuadir a nuevos inmigrantes de viajar al país.”
Por
el interés de la obra y antes de volver a Estados Unidos (aunque lo incluyo en
ellas), estas son las fases que llevan a una guerra civil en cualquier país:
1-Reclutar miembros y hacer acopio de
armas.
2-Insurgencia, acciones de baja intensidad
propagandística y de captación. Genera una reacción del gobernante.
3- Discriminación. Un grupo niega y
suprime derechos de otros.
4- Se deshumaniza al insurgente para
generar enfrentamiento de los ciudadanos con este.
5- Organización. Un grupo empieza a reunir
un ejército o milicia para erradicar al otro. Barbara F. Walter considera que
Estados Unidos se encuentra en la quinta fase.
6- Aceleracionismo. Precipitar
acontecimientos para establecer un nuevo orden.
7- Genocidio como estrategia de autodefensa.
“Estados Unidos no se encuentra al borde del genocidio. Pero si las milicias se
ampliaran rápidamente y los emprendedores de la violencia consiguieran extender
entre la ciudadanía la idea de la necesidad de la autodefensa, la séptima fase
podría perfilarse en el horizonte.”
8- La limpieza étnica.
9- Exterminio.
Este
libro es ya un referente al concepto de Guerra Civil y su lectura es más que
recomendable por su valor explicativo y la multitud de ejemplos que expone al
margen del norteamericano.
Este verano, tras seis meses de legislatura Trump, Curtis Yarvin, uno de los ideólogos esenciales de MAGA, llamaba a “cruzar el Rubicón” y liquidar la democracia. Lo hacía con su lenguaje delirante donde el enemigo es un insecto (fascismo en estado puro). Trump le está haciendo caso.
“Trump es diferente.
Comenzó
su primer mandato proclamando a los cuatro vientos que iba a cruzar el Rubicón.
Luego fue al Rubicón, se sentó y se puso a pescar.
Pero
el Rubicón no es un río muy propicio para la pesca. Enjambres de mosquitos
infectados te atacan. Trump pasó todo su mandato a la defensiva. Y cuando
finalmente huyó, los insectos lo persiguieron. La guerra legal no terminó hasta
después de su reelección.
Esta
vez, Trump no ha cruzado el Rubicón, pero tampoco se ha quedado de brazos
cruzados pescando. Ha avanzado hasta los tobillos, ahuyentando momentáneamente
a los mosquitos, que al menos están a la defensiva.”
En El Polemista encontraran numerosas reseñas de libros y artículos míos sobre EEUU, no sólo políticos, también históricos y culturales, entre ellos Hillbilly, una elegía rural de J.D Vance .
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